El pozo de Jacob
Cuantas veces nuestra alma tiene sed! Y
como aquella mujer encontró que el pozo era hondo. Muchos lo encontramos
así; nos parece demasiado hondo por la ansiedad producida debido a
alguna enfermedad en la familia, o por un hijo que nos dice “Mamá, me
voy de casa”. Nos desesperamos por el esposo(a) que abandona el hogar o
porque el dinero no alcanza y los alimentos escasean…¿Cómo obtener la
victoria sobre esa profundidad y alcanzar el agua que calma la sed?
“Si supieras lo que Dios te puede dar y
conocieras al que te está pidiendo agua…” Hoy también Jesús nos dice,
que no hay pozo demasiado profundo para El. Él bajó desde lo más alto
para poder socorrer a quienes estamos sumergidos en nuestros dolores,
angustias y desventuras. Hoy, Cristo es el que sacia toda sed. Si como
la mujer dices: “Señor dame de esa agua”, serás saciado y la frescura de
su presencia inundará todo tu ser. Con El obtendrás la victoria sobre
cualquier situación, por más difícil o profunda que sea.
“Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre;
y el que cree en mí, nunca tendrá sed.” Juan 6:35
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